Primero que todo quiero advertir que este es mi primer artículo sobre mi vida personal, no suelo hacerlo porque este blog pretende hablar de cosas que puedan transcender y ser de utilidad general para el curioso lector.
El día de ayer bordando la media noche, encontré en mis contactos de msn más olvidados, a una amiga de mi promoción de colegio que no la veo desde mis últimos momentos de sobriedad de mi fiesta de promoción, no podía creer lo que me contaba, estaba en Australia desde hace dos años y además pensó equivocadamente que la niña que salía en la foto de mi perfil era mi hija, cuando en realidad es mi sobrina, que por cierto es mi engreída (perdón, pero con ella necesito un babero). Este error, no me pasó desadvertido, sino por el contrario, me llevo a pensar en todo el tiempo que había pasado desde que salimos del colegio. En verdad no creía que fuera tanto hasta el día de hoy, es tanto tiempo en realidad para que algunos de nosotros ya se nos hayamos casado (van tres de la promoción), algunos tenga hijos, tengamos una carrera o estemos por terminar una. Este artículo en definitiva no es para hacerme o hacernos sentir “viejos”, sino más bien para llamar a todos a no perder ese contacto y gran cariño que se tiene después de tantos años de haber estado juntos en el colegio.
Quisiera acordarme de un día cotidiano en el colegio, empresa abrumadora tomando en cuenta el pasar del tiempo y empresa reconfortante por la alegría de recordar esos momentos. Solo me dedicare en este artículo a la entrada al colegio, y otro día con el mayor de los gustos abarcare todo un día dentro del colegio.
La entrada era hasta las 7:45, siempre llegaba a las 7:30, a excepción de los lunes que el llegar al cole, era una carrera contra el tiempo, parecía tortuoso despertarse a las 7, así que llegaba corriendo justo cuando tocaba el timbre de entrada, pero que llegaba, llegaba. En los minutos entre que llegábamos y comenzábamos la clase, conversábamos la cháchara del día. Los chicos por un lado contado sus aventuras y desaventuras del quinceañero del sábado, de futbol (de cómo Perú perdió otra vez, parece que eso no ha cambiado mucho, o de decirnos pavos, gallinas y monos), de alguna serie o quizás de caballeros del zodiaco u otro dibujo animado. Y las chicas, sabe Dios qué hablarían las chicas, aunque siempre pensábamos los chicos, que algo tramaban, cuando se reunían en sus grupitos de 3 o 4 chicas.
Tocaba el timbre y el tutor entraba: Carlos, nuestro “topo” con el mayor de los cariños, o Hugo con su sonrisa cómplice; comenzaba a pasarnos lista. Algunos mensajillos clásicos eran la costumbre de esos minutos, -chicos, que tal su fin de semana?-, -chicos, han estudiado-, etc. En realidad esa parte del día no tenía mucho de especial, lo que si era especial era la entrada de los lunes. Los lunes formábamos como batallones que van a la guerra en el patio principal del colegio. Me acuerdo de las primeras palabras de la directora:-Buenos días con los Profesores, con los alumnos, todos-. Luego de ello pasaba la escolta, rezábamos (lamentablemente de paporreta), cantábamos el himno nacional, y a veces lo cual no recuerdo bien el himno del colegio (por cierto, quien lo habrá escrito?). Vale la pena destacar que tocaban un himno en las olimpiadas de lo mas huachafo, sabe alguien a que se debía?. Y luego de todo este ritual, regresaba la escolta, y pasaban todos los salones, de menor a mayor, hasta vaciar nuestro pateo.
Dedicado a los Lissones con el mayor de mis cariños
Jach
